SUITE ESPAÑOLA / 6

>> dimarts, 4 de gener de 2011

La Sra. Manuela no podia abrir la pesada puerta de hierro y cristal del edificio donde trabajaba, en la Diagonal. Su piel, su mirada, su raída chaqueta, su torpeza a la hora de abrir evidenciaba que aquella no era su casa. Aunque nunca puedes fiarte de las apariencias... Pero no. La Sra. Manuela vivia en el Carmelo, desde donde veia aquella Barcelona lejana a la cual llegó hacía tantos años que ni recordaba. Cuando tendía la ropa con las pocas pinzas de madera que aun conservaba, perdía su mirada en la torre Agbar, aquel edificio absurdo de dia, tan bonito de noche, en la Sagrada Família que habia visto construir pedacito a pedacito durante tanto tiempo, y en la costa recortada y la silueta de las tres chimeneas de la térmica y Monjuic, al fondo. Todo allí abajo, nada aquí arriba. Un piso con aluminosis, unos hijos con problemas, una salud precaria, un trabajo aún más precario si cabe. Sin embargo, la Sra. Manuela, a su manera, era feliz. Sobre todo por la tarde, cuando los últimos rayos de sol entraban por la galeria. Era entonces cuando todo cuadraba, cuando la esencia de las cosas se volvia consistente, viva. Cuando todo tenia sentido, cuando de nada valia lamentarse.
Pero ¿y esta maldita puerta que no se abre ni a la de tres? Menos mal que llegó como una exhalación, en ese preciso instante, un hombre con un abrigo gris que le venia grande. Un hombre con unas largas piernas como de alambre. Sudoroso, ojeroso, con la nariz afilada, preocupado, farfullaba a alguien por el móvil : ¡la he perdido ¿ te das cuenta? ¡La he perdido! El hombre abrió la puerta sin problema y la Sra. Manuela le dió las gracias, pero las piernas zancudas no oian a la Sra. Manuela y el seguia farfullando y trotando con sus zancos hacia el ascensor. Aquella Barcelona, la de abajo, la que veia desde su casa mientras tendia las sábanas, era la que menos entendía, la que presionaba su cerebro hasta explotar. Pero luego venia la tarde y el rayo y el silencio que lo envolvia todo y que hacia que todo volviera a tener sentido. Hasta el hombre de las patas de flamenco de la puerta.

4 comentarios:

òscar 4 de gener de 2011 a les 20:12  

Doncs segurament Barcelona, vista des de les alçades de la Barcelona més alta; té més sentit i és més humana que vista cara a cara.

Cara a cara acaba semblant, molts cops, pesada i freda com una porta de ferro.

M'ha agradat molt l'apunt!

llum 4 de gener de 2011 a les 23:52  

Very happy que us agradi!

el paseante 16 de gener de 2011 a les 22:44  

M'agrada aquesta sèrie. A banda d'estar molt ben escrita, és intrigant.

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